jueves, 18 de diciembre de 2008

¿Qué pretende Solbes?

Zapatero está a las batuecas, no sé si será que le hacen falta unas vacaciones o que todavía no ha llegado de ellas pero, ha tenido que venir el propio director gerente del FMI, Strauss-Kahn, ha tirarle un jarro de agua fría a nuestro ejecutivo para ver si reaccionan.

Allí estaba el funcionarísimo Solbes que no sé si se habrá dado cuenta que Strauss-Kahn no ha venido de manera alegre y con sonrisa para protocolariamente dar una bonita conferencia, sino que su objetivo claramente ha sido tratar de espavilar a nuestro ejecutivo. Digo que no sé si Solbes se habrá dado cuenta porque siempre ha demostrado ser un poco lento.

Strauss-Khan ha tenido que venir a Madrid para que ya no haya excusas, hay que rebajar los impuestos, y deprisa. Una vez que se han atendido las urgencias financieras ahora lo que toca es incidir en la demanda y el consumo.

El problema radica en el injustificable propósito de nuestro gobierno progre de tratar de hacer distinción entre políticas de izquierda y políticas de derecha. Así, aferrados en este aforismo de que rebajar impuestos es una medida de derechas, se niegan a ceder ante la propuesta de aquellos que consideran "contrarios". Sea de izquierdas, sea de derechas, lo que importa es que funcione.

Me ha llamado la atención como el lento Solbes no sabe para donde tirar y, desde luego, si lo sabe, lo tiene bien oculto porque un día defiende unos datos, otro día defiende otros aunque, claro está, ¿cómo iba a llevar la contraria a Strauss-Khan? De esta manera, tras largas críticas hacia los datos del FMI el cuasijubilado Solbes afirmó que "El del FMI es un informe riguroso, que viene analizando bien la economía española" y reconoció que el Fondo "es lo más realista posible", con lo que ha venido a desvancar todos los datos, presupuestos, actuaciones y previsiones del ejecutivo.

Recordando el artículo de un amigo en el que aludía al relativismo moral como causa de la crisis en general y del "carpe diem materialista" en particular, he de presentar al relativismo económico como enfermedad causante de la imposibilidad de llevar a cabo una política económica con objetivos concretos, clara, transparente y tajante.

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